¿Cuándo es recomendable ir a terapia?

La duda eterna en la que parecieran nunca ponerse de acuerdo los expertos y no expertos en el ámbito de la psicoterapia.

 

En este breve artículo expreso mi punto de vista, que es sólo una reflexión fruto de mi experiencia en la práctica clínica.

 

  1. Ir a terapia cuando nos sentimos bien.

Aunque pareciera algo fuera de lo común, hay en efecto muchas personas que tienen un interés en el crecimiento personal y autoconocimiento que no deviene necesariamente de una situación externa difícil, sino más como una suerte de crisis existencial. En estos casos el trabajo puede llegar a ser muy profundo en el sentido del autoconocimiento y el análisis, no suele ir acompañado de cambios rápidos o decisiones precipitadas sino más bien de cambios estructurales en las dinámicas intra e interpersonales.  Una de las dificultades de esta opción es que, como no hay una situación externa o sufrimiento claro, suele perderse la motivación cuando el proceso parece no generar cambios externos o permanece la sensación de “estar bien” y por lo tanto pareciera no haber una necesidad real de la psicoterapia, aunque en realidad se estén gestando cambios fuertes a nivel estructural.

 

  1. Ir a terapia cuando preveemos un evento que nos atemoriza o genera ansiedad

Otra situación ocurre cuando una persona reconoce en sí misma lo que suele denominarse como angustia anticipatoria ante un evento o situación en el futuro próximo. Intuye, por alguna situación pasada o por sus reacciones emocionales habituales, que posiblemente la rebase psíquica o afectivamente. En este caso hay una demanda clara y una motivación fuerte, por lo general (dependiendo el tiempo previo al evento) suele disminuir la angustia para cuando dicha situación se presenta y, ya que durante las sesiones se analizan problemáticas que resultan ser más abarcativas que el evento mismo, la persona puede decidir continuar con la terapia para buscar resolver o modificar dichas problemáticas de raíz.

 

  1. Ir a terapia cuando inicia una crisis en la pareja, en el trabajo o familia

Cuando la persona entra en una crisis muchas veces acude a consulta a buscar ayuda profesional para enfrentar una situación difícil. El problema con este momento específico es que la persona suele tener altas expectativas de la primer sesión, y busca obtener alguna respuesta inmediata. Por lo general dependerá de si la persona está dispuesta a acudir a un mayor número de sesiones para trabajar con la problemática de fondo si se continúa o no, con una psicoterapia en forma.

 

  1. Ir a terapia cómo última alternativa o cuándo no se ve salida

En estos casos la motivación es muy fuerte ya que la persona o pareja, se encuentra atravesando el clímax de una situación muy dolorosa, por lo que está dispuesta a trabajar para solucionarlo cuando siente que ya lo “he intentado todo“. En este caso las primeras sesiones suelen tratar casi exclusivamente la problemática específica, y posteriormente cuando ha disminuido el desborde emocional se puede llevar a cabo un trabajo más profundo y analítico.

 

Concluyo con estas breves reflexiones, que no existe un mejor momento para acudir a terapia generalizado, depende mucho de las posibilidades, deseos y situación específica de cada persona en particular.

 

De igual manera vale la pena considerar previamente cuál es la corriente psicológica o modo de trabajo del terapeuta, ya que de eso dependerá el enfoque que se le dé en las diferentes situaciones expuestas en este escrito.

 

Puebla, Puebla Septiembre 2017

Anuncios

El autoconocimiento: la herramienta más poderosa

Si bien no es nada nuevo lo que se plantea en este artículo, la vida actual, posmoderna, parece olvidarlo continuamente.

Sócrates, hace miles de años, fué quizá uno de los primeros en hablar de esto: “conócete a tí mismo”

Pero, ¿realmente entendemos las implicaciones de esta simple, pero valiosísima instrucción?

Creo que el punto fundamental en lo que a mi área profesional le compete, que es la psicoterapia, es encontrar la motivación para querer conocernos.

Normalmente cuando hablamos de autoconocimiento o trabajo personal, pareciera implicar (y en realidad es verdad) que tendremos que asumir una cierta responsabilidad de nuestras palabras, nuestros actos y nuestros pensamientos, una vez que nos hemos hecho conscientes de ellos.

En mi experiencia, uno de las principales detonadores de deserción de un tratamiento psicoterapéutico es la confrontación. Cuando alguien es, confrontado con sus propias acciones o palabras, no hay más que dos opciones. O lo asume y puede generar cambios, o lo niega y, valga la redundancia, reniega de quienes lo confrontan.

Lo interesante en la psicoterapia es que la confrontación siempre viene de uno mismo y nadie más, el terapeuta funciona como un espejo que enfoca la atención a ciertas áreas, que son precisamente las que generan el sufrimiento del paciente.

Por eso, invito a quien lee estas líneas a aventurarse a conocerse a sí mismo, ya que lo peor que puede pasar, es que deje de sufrir tanto y sea un poco más feliz

Las pérdidas a lo largo de la vida, más allá de la muerte…

 

Cuando un ser querido muere, es una de las pocas oportunidades socialmente favorecidas para llorar y poder mostrar nuestro dolor ante la pérdida. Nadie ve mal o juzga a un hijo por haber perdido a su madre, o a un hombre por haber perdido a su pareja, etcétera.

Sin embargo, la muerte de un ser querido, no es la única pérdida que nos genera dolor, sufrimiento y que requiere un proceso de sanación y elaboración.

La pérdida de la juventud, de un trabajo, la separación de la pareja, el casamiento de un hijo, la jubilación, la pérdida de alguna capacidad física o motora, entre muchas otras son algunas de las pérdidas que tarde o temprano iremos enfrentando en la vida. Algunos nos sentimos más preparados para tolerar que un hijo se vaya, o para enfrentar una separación de pareja, pero muchas veces, hay situaciones que emocionalmente nos rebasan, nos superan, nos hacen sentir (o pensar) que no podremos superarlo.

No siempre contamos con un espacio para poder expresar lo que sentimos, ya que muchas veces son nuestros seres queridos quienes están involucrados en el mismo proceso que nosotros, o quizá es su partida, su cambio o sus acciones las que nos hacen sentir en falta.

La tanatología trabaja con los procesos de muerte, los duelos y la aceptación, pero en un nivel profundo, también trabaja con estos pequeños momentos de crisis o cambios, que se nos presentan a lo largo de la vida y que en ocasiones no sabemos como enfrentar.

Me parece que cada pérdida merece un lugar en nuestra historia, merece un espacio para su expresión y elaboración, y un tiempo… ya pasará, pero no siempre tenemos que pasarlo solos.